¿Qué es la derivación ventrículo-peritoneal?

La derivación ventrículo-peritoneal (DVP) es un tipo de intervención quirúrgica que consiste en drenar el líquido cefalorraquídeo (LCR) del sistema nervioso central en los casos de hidrocefalia o exceso de presión intracraneal.

¿En qué casos se realiza?

Se realiza en casos de hidrocefalia sintomática con el objetivo de drenar el líquido cefalorraquídeo acumulado. En los casos de hidrocefalia aguda no existe alternativa de tratamiento y su demora puede llevar a daños reversibles o, incluso, permanentes en el estado neurológico del paciente. En los casos de hidrocefalia subaguda o crónica, y dependiendo de la edad del paciente, se puede valorar realizar una ventriculostomía endoscópica como alternativa de tratamiento.

¿En qué consiste la intervención?

Este tipo de intervención quirúrgica se realiza bajo anestesia general. Consiste en la colocación de un catéter en una cavidad cerebral llamada ventrículo, donde se aloja el líquido cefalorraquídeo. 

Este catéter se conecta en serie a un sistema que regula la salida del LCR, llamado válvula. En función del tipo de válvula colocado, la resistencia al paso de LCR a través del sistema es mayor o menor. El catéter es tunelizado bajo la piel, a través del tejido celular subcutáneo, desde la cabeza hasta la aurícula o, más frecuentemente, el peritoneo, donde el líquido cefalorraquídeo se reabsorbe de manera fisiológica.

Recuperación y rehabilitación tras la derivación ventrículo-peritoneal

El proceso de recuperación varía en función del tipo de hidrocefalia que sufra el paciente.

Hidrocefalia aguda

La recuperación depende mucho del tipo de patología que haya originado la hidrocefalia, habitualmente es tumoral o por sangrado agudo. La recuperación va a depender del estado neurológico previo del paciente.

Hidrocefalia subaguda o crónica

La recuperación suele ser rápida, en las primeras 24-48h el paciente recibe el alta hospitalaria. Mediante rehabilitación funcional se le reeduca en la marcha y en el control de esfínteres. Los pacientes y sus familiares suelen apreciar una mejoría significativa al caminar en un período de entre 1 y 3 meses. La evolución en el control de esfínteres y del deterioro de la memoria son muy dependientes del estado neurológico previo del paciente.

Riesgos de la intervención

Como toda intervención quirúrgica, la derivación ventrículo-peritoneal puede suponer riesgos. Estos son algunos de ellos: 

  • Hemorragia intracerebral (hasta el 3% de los casos).
  • Crisis epiléptica (menos del 5% de los casos).
  • Infección (entre el 1-10% de los casos).
  • Mortalidad (menos del 2% de los casos).
  • Pneumoencéfalo: aire dentro de la cabeza, habitualmente asintomático, que se resuelve espontáneamente.
  • Hiperdrenaje: se manifiesta como hematoma subdural o epidural, cefalea intensa y colapso del sistema ventricular.
  • Desconexión del sistema o rotura.

A pesar de que existe la posibilidad de que se produzca alguna de estas complicaciones, en Instituto Clavel contamos con un equipo de neurocirujanos con amplia experiencia que, sumado al uso de la última tecnología, nos permite realizar este tipo de cirugía con éxito en la gran mayoría de los casos, así como solucionar los posibles problemas que puedan surgir durante su desarrollo.  
 

¿Qué médicos realizan la derivación ventrículo-peritoneal en el Instituto Clavel?

Esta intervención es llevada a cabo por los neurocirujanos:

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