15-12-2019

¿Qué es la raquiestenosis lumbar?

La raquiestenosis lumbar o estenosis de canal lumbar es una enfermedad que produce dolor o adormecimiento en las piernas. El equipo médico de Instituto Clavel explica en qué consiste exactamente esta afección, su origen y los posibles tratamientos.

Esta patología consiste en el estrechamiento del canal raquídeo lumbar, que produce la compresión de las raíces nerviosas que transmiten estímulos a las extremidades inferiores. Dicho canal está formado por el canal interior de las vértebras, los discos intervertebrales y los diferentes ligamentos que confieren estabilidad a la columna.

En algunos casos de raquiestenosis lumbar será necesario recurrir a operaciones de columna vertebral, pero como veremos a continuación, también existen otras alternativas de tratamiento en función del estado de la enfermedad.

Causas y síntomas de la raquiestenosis lumbar

Esta enfermedad puede existir como defecto congénito sin presentar síntomas hasta la edad adulta. No obstante, en la mayoría de los casos, tiene un origen artrósico y degenerativo, por lo que su prevalencia en la población crece conforme aumenta la edad.

Puede presentarse de diferentes formas como lumbalgia, radiculalgia (dolor en el territorio de una raíz nerviosa concreta) o pérdida de fuerza en las piernas, entre otras.

Sin embargo, el síntoma asociado más común es la llamada claudicación neurógena. Este cuadro consiste en la incapacidad creciente para caminar distancias medias al principio hasta ser incapaz de dar unos pocos pasos en casos avanzados. Se trata de una sensación de dolor en ambas piernas, aunque a veces es adormecimiento, acorchamiento, hormigueos o sensación de pérdida de fuerza.

Los síntomas suelen aliviarse cuando el afectado se sienta, ampliando de esta forma el diámetro del canal lumbar por flexión de la columna lumbar. Al ser una patología degenerativa y, la mayoría de las veces, lentamente progresiva, existen muchos grados de severidad, desde leves hasta muy limitantes.

¿Cómo se diagnostica?

En primer lugar, el médico procura detectar en la anamnesis o interrogatorio al paciente datos que sugieran la existencia de un origen neurológico en los síntomas presentes en las extremidades inferiores frente a patologías articulares o vasculares que pueden parecerse en los síntomas.

Como hemos comentado antes, la limitación para caminar distancias cada vez más cortas y la necesidad de flexionar el tronco o sentarse para aliviar los síntomas son cuestiones a tener en cuenta.

En el examen físico se valora la fuerza, sensibilidad y los reflejos osteotendinosos del paciente en las extremidades inferiores. Se explora también la columna vertebral, en especial el segmento lumbar. Una vez se tiene la sospecha clínica de estenosis de canal sintomática, se procede a solicitar pruebas de imagen que confirmen el diagnóstico:

  1. Resonancia magnética: es la principal herramienta que tenemos a nuestra disposición para visualizar con detalle las partes blandas (nervios, discos y ligamentos, entre otros), y en este caso confirmar la estenosis del canal.
  2. Escáner o TC: este examen nos aporta información detallada de las estructuras óseas de la columna. Es útil para valorar el grado de implicación ósea en la estenosis y la existencia de anomalías añadidas, como artrosis, osteofitos, espondilolisis u otras, que puedan afectar a la decisión de tratamiento.
  3. Radiografías lumbares dinámicas o funcionales: se trata de radiografías convencionales de perfil en flexión y extensión de tronco. Nos permiten valorar si existe inestabilidad en el segmento vertebral.
  4. Radiografías telemétricas con escáner EOS: radiografías de columna completa que permiten valorar si existe una alteración del balance de la columna y de su curvatura que contribuya al cuadro y que precise corrección. Una de las grandes ventajas del escáner EOS es que reduce la exposición del paciente a la radiación en hasta un 85% respecto a las radiografías convencionales.
  5. Electromiografía: la utilizamos en casos de duda para valorar el grado de afectación de los nervios. Permite diferenciar un origen neurológico de uno que no lo es en algunos casos, si la causa es compresiva o no (y por tanto si tiene solución quirúrgica) y, en caso de existir efectivamente compresión de un nervio, si el problema se halla en la raíz del nervio en la columna o se trata de un problema periférico en la extremidad.
 

Todos estos estudios, más la impresión clínica a la que se llegue por anamnesis y exploración, llevan a la decisión sobre el tratamiento.

Tratamientos de la raquiestenosis lumbar

Como señalábamos al inicio, mientras que muchos casos de grado leve pueden mejorar mediante tratamiento conservador, otros van a requerir tratamientos más agresivos. Detallamos en qué consisten a continuación. Para empezar, entre los tratamientos conservadores, va a ser indispensable lo siguiente:

  • Mantener un peso adecuado a nuestra altura y constitución física.
  • Adquirir cambios de hábitos en la vida personal y profesional: utilizar muebles ergonómicos, higiene postural y la introducción de actividad física moderada de rutina.
  • Soporte adicional y tutela guiada, especialmente al inicio, hasta que se controle el cuadro agudo y se adquieran hábitos saludables.

Ante la inexistencia de técnicas específicas para este tipo de patologías individuales, en Instituto Clavel decidimos crear un protocolo especializado de terapias físicas y ejercicios adecuados a los diversos problemas de la columna y evolucionando según las diferentes fases del proceso. Como resultado nace FisioSpine, un método creado por nuestro equipo de fisioterapeutas expertos en columna junto a nuestro equipo de neurocirujanos, quienes indican y asisten en el proceso de recuperación.

Sabemos, sin embargo, que en ocasiones la patología compresiva del raquis, como por ejemplo la estenosis de canal lumbar, es suficientemente avanzada y severa como para no tener un pronóstico favorable que pueda mejorar con tratamiento conservador. Algunos casos rebeldes, sin especial afectación estructural en las pruebas de imagen, precisarán ser derivados a la Unidad del Dolor para un tratamiento paliativo, pero, afortunadamente, muchos de los casos severos tienen una posible solución curativa mediante la cirugía.

En Instituto Clavel, nuestro equipo de cirujanos de columna está formado en diferentes técnicas y vías de acceso a la columna para poder escoger el tratamiento que mejor se adecúe a nuestro paciente con el menor riesgo posible. Por lo general, el tratamiento de una estenosis de canal consistirá en la cirugía de descompresión por vía directa posterior mediante laminectomía, es decir, extirpar el hueso vertebral y ligamento que forma la parte posterior del canal vertebral para poder dar la amplitud deseada al paso de las raíces nerviosas.

En algunos casos con estrechamientos y compresiones muy localizadas podremos realizar descompresiones mínimamente invasivas mediante microcirugía (cirugía MIS), realizada con microscopios quirúrgicos de última generación. En ocasiones el paciente puede padecer algún otro problema estructural de la columna lumbar, como discopatías degenerativas, artropatías facetarias, espondilolistesis, etc., que harán necesario combinar la descompresión con el uso de implantes.

Con técnicas como el abordaje lateral podemos acceder, de forma mínimamente invasiva y de rápida recuperación, para elevar el disco colapsado y devolver al ligamento a su posición inicial del interior del canal, que se hallaba plegado y comprimiendo el espacio que necesitan las raíces nerviosas para moverse libremente.

También existen casos con inestabilidad asociada o una degeneración muy avanzada que precisarán una cirugía de fusión, ya que necesitaremos abrir una importante parte de la vértebra y el ligamento para asegurar una buena descompresión que permanezca una vez se dé la cicatrización de los tejidos.

Cuando es necesario para la seguridad del paciente y el éxito de la cirugía se llevará a cabo el implante de tornillos por vía posterior. Para ello disponemos de varias herramientas de alta tecnología, como el O-Arm 2, un escáner intraoperatorio de última generación que nos permite la recopilación de imágenes en el mismo quirófano para poder implantar los tornillos transpediculares mediante navegación virtual y optimizar su colocación, así como comprobar antes del fin de la cirugía el correcto posicionamiento de los implantes. Con este sistema podemos realizar cirugías instrumentadas mínimamente invasivas, ya que la apertura que necesitamos es la mínima para la introducción del material.

Además, para garantizar la seguridad del paciente, las cirugías con significativo riesgo neurológico son llevadas siempre a cabo bajo monitorización neurofisiológica intraoperatoria, mediante la cual el médico neurofisiólogo del equipo realiza un control continuo durante cada minuto de la cirugía sobre la actividad de los nervios para prevenir la lesión de los mismos.

Dado el amplio abanico de recursos que podemos poner a disposición del paciente en Instituto Clavel, consideramos que es imprescindible estudiar cada caso de forma individual para ofrecer la opción con mayor probabilidad de éxito, con menor riesgo quirúrgico y tiempo de recuperación.

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